El perdido arte de guardar un secreto
El hombre delgado de unos 25 años hablaba lentamente mientras sostenía en su mano derecha una botella de vodka. Sus manos temblaban por los efectos de la desesperación más que por los del alcohol, mientras sus ojos marrón oscuro miraban fijamente la pistola con el ansia del que espera su muerte nada más para otorgarse descanso.
-deja de hablar de eso, ya te he dicho que es más deprimente oírte que saber que no tengo salvación-
El otro hombre, de aspecto corpulento y vos gruesa miraba a su interlocutor con una sonrisa mientras con su mano derecha tomaba la pistola y ponía el cañón en su cien.
El gatillo hizo ese leve sonido esperado, pero la bala no estaba allí, aun.
-además tu sabias en lo que estabas metido, desde un principio- dijo mientras dejaba la pistola sobre la mesa y la ponía a rodar.
-no lo sabía, nadie me lo dijo, y le entregue mi alma como quien se la vende al diablo-
Y diciendo esto el sujeto de ojos marrones tomo un trago, rasco su espesa barba castaña y se coloco la pistola en la cabeza.
De nuevo, un clic, y ningún disparo.
El arma volvió a la mesa, rodo con fuerza mientras hacia ese sonido casi imperceptible de su roce metálico con la madera.
-y si te hace sentir mejor- dijo el hombre corpulento colocando a rodar la pistola una vez más - y ya que uno de nosotros a de morir hoy déjame decirte, yo también estuve con ella-
-no me hace sentir mejor, pero esto sí-
Los ojos marrones de su compañero se posaron sobre los del otro, y vio como su rostro dibujaba una pequeña sonrisa, una mueca casi imperceptible.
Tomo el arma, pero esta vez el cañón apuntaba sobre la cabeza del otro. Un clic, dos clics, y el estruendo del cañón al escupir la bala sobre la frente del hombre hicieron que diera un leve movimiento hacia atrás.
-es increíble lo que te dicen las personas antes de morir-
Y diciendo esto tiro la botella de vodka contra la pared y salió dejando la sala sola con el cuerpo de su compañero tendido en el suelo.
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