martes, 16 de febrero de 2010

martes, 9 de febrero de 2010

el perdido arte de guardar un secreto

El perdido arte de guardar un secreto

El arma, Una Remington calibre 45 rodaba sobre la mesa mientras los dos hombres a lados opuestos de esta se miraban esperando su turno. La pieza estaba casi vacía, excepto por los hombres, la mesa y un sillón en la parte trasera del cuarto.

-a veces pienso que la odio, pero odio decir que no la ame.-

El hombre delgado de unos 25 años hablaba lentamente mientras sostenía en su mano derecha una botella de vodka. Sus manos temblaban por los efectos de la desesperación más que por los del alcohol, mientras sus ojos marrón oscuro miraban fijamente la pistola con el ansia del que espera su muerte nada más para otorgarse descanso.

-deja de hablar de eso, ya te he dicho que es más deprimente oírte que saber que no tengo salvación-

El otro hombre, de aspecto corpulento y vos gruesa miraba a su interlocutor con una sonrisa mientras con su mano derecha tomaba la pistola y ponía el cañón en su cien.

El gatillo hizo ese leve sonido esperado, pero la bala no estaba allí, aun.

-además tu sabias en lo que estabas metido, desde un principio- dijo mientras dejaba la pistola sobre la mesa y la ponía a rodar.

-no lo sabía, nadie me lo dijo, y le entregue mi alma como quien se la vende al diablo-

Y diciendo esto el sujeto de ojos marrones tomo un trago, rasco su espesa barba castaña y se coloco la pistola en la cabeza.

De nuevo, un clic, y ningún disparo.

El arma volvió a la mesa, rodo con fuerza mientras hacia ese sonido casi imperceptible de su roce metálico con la madera.

-todos lo sabíamos, incluso yo... - y diciendo esto el sujeto ponía la pistola sobre su cien pero una vez más el gatillo se oprimió y el disparo seguía en el tambor de aquella fría pistola.

-y si te hace sentir mejor- dijo el hombre corpulento colocando a rodar la pistola una vez más - y ya que uno de nosotros a de morir hoy déjame decirte, yo también estuve con ella-

-no me hace sentir mejor, pero esto sí-

Los ojos marrones de su compañero se posaron sobre los del otro, y vio como su rostro dibujaba una pequeña sonrisa, una mueca casi imperceptible.

Tomo el arma, pero esta vez el cañón apuntaba sobre la cabeza del otro. Un clic, dos clics, y el estruendo del cañón al escupir la bala sobre la frente del hombre hicieron que diera un leve movimiento hacia atrás.

-es increíble lo que te dicen las personas antes de morir-

Y diciendo esto tiro la botella de vodka contra la pared y salió dejando la sala sola con el cuerpo de su compañero tendido en el suelo.



domingo, 7 de febrero de 2010

Bienvenidos, o de como los monos crean en maquinas de escribir

Cruza el amor, yo cruzare los dedos
y gracias por venir

Así, como dice el maestro Cerati en sus notas de puente empiezo yo este ejercicio de literato de poca monta, tratando de entretener mi intelecto con sencillas tareas, para de una vez por todas ponerle fin a mi letargo creativo impuesto por los cánones establecidos en la ciencia que me atreví a profundizar. Y es así como este aspirante a ingeniero de sistemas empieza este relato.